jueves, 5 de agosto de 2010

cuerda de la vida, una necesidad

Hoy es de esos días en los que decido que si no escribo mi cabeza explota, porque es escribir lo único que me la va a aclarar.
Verano, llega, viene y va. Nos movemos pero nos quedamos. Una sensación de cambio excesivamente extraña, porque como son el resto los que se mueven, cambian, y nosotros perecemos, parece que es distinto a cada momento si movernos de nuestro agujero. Débil, muy débil el sentimiento de marcha, sentimiento de huida que crece pero que por ahora me mantiene en mi lugar. Busco, como todos, una salida a la monotonía, cuando me doy cuenta de lo simple que es cambiar, porque nunca un día es igual a otro ¿verdad?
Lo peor, día rayante sin sentido en los que perder la cabeza suena como mejor opción. Enfermedad y tontería toda junta que no me deja disfrutar de todo mi entorno, pero, y yo qué hago? miro por mi ventana y es de esos días en los que no veo los barrotes blancos horizontales que me encierran. Veo más allá, mucho más allá. Veo un futuro que se ve igual de bonito que el cielo azul sobre los árboles que contemplo me deslumbra.
Pensar. Llevo mucho tiempo pensando, a la vez sin pensar. Digo, hablo, a una velocidad que he de decir que a veces es difícil de seguir, pero me hago entender. O eso creo, o mejor dicho, quiero creer. Muchas veces siento ese automático que ponen las personas que n te escuchan. Te miran fijamente, pero ellos n se dan cuenta e que eres capaz de atravesar sus ojos y notar si están viviendo tu historia o tienen mares en ellos en los que los peces flotan sin sentido. Ese automático sin el que no podrían vivir. Porque aguantarme ya tiene mérito.
Futuro, y capacidad. Primero capacidad. Esa habilidad mía de enzarzar temas, capítulos de mi vida. El otro día, mientras dormitaba en un avión, con esas turbulencias que atontaron a la tripulación, pensaba: yo soy como una cuerda. Puede ser recta, cuando me da por la responsabilidad. Loca, cuando me da por no parar ni pa respirar, iba decir pa comer, pero eso nunca sucede… con nudos, porque todos tenemos nuestros baches, pero lo que más me asombraba no fue eso, sino que por mucho nudo que veía la cerda continuaba, seguía, como los saltos en mis conversaciones, como mi humor, como la vida misma.
Tengo un amigo que me recuerda a diario que la vida es lo más bonito que tenemos. Por otro lado es algo sin sentido, es nunca hemos tenido otra cosa, así que, no por menospreciarlo, pero no tendría más sentido concretar? A ver, todos queremos a la familia, los amigos, al perro, aunque este sigue siendo familia. Pero ya. Algunos también aman su carrera, la naturaleza, el mar, viajar… pero todo es lo mismo no? Bueno se me está yendo. Empecemos.
Somos felices, pero para qué? Tenemos un sentimiento muy vago que nos dice que somos felices y que de repente esboza una mueca con la boca llamada sonrisa. Además es algo contagioso cuando vemos a un niño riendo, en seguida sonreímos, y tenemos una gratitud que sigo sin comprender. Conozco la sensación, me siento afortunada, menos mal.
Tengo muchas coas en la cabeza ahora, pero no me apetece alargar esto más. Espero volver a esto, porque hoy me acordé de cuanto lo he necesitado. Una vez más, gracias al que inventó la escritura, me salva la vida a diario.