martes, 20 de septiembre de 2011

con las uñas al natural

Detenerme. Al fin. Frente a ti y pensar en alto, bajo el silencio de mi teclado. Hacía tiempo que no pisaba el freno, de hecho llevo acelerado, ¿cuánto? ¿4 meses? Pero ya necesitaba respirar hondo, cerrar los ojos y que no fuese para dormir sino para seguir en paz.


Olvido esto, pero de vez en cuando divago despierta y pienso en ello. Necesitaba no sólo pensarlo sino hacerlo.


Autonomía conseguida, no sé, pero aceptada sí. Estoy y soy por primera vez en mucho. Pienso luego existo no, existe y por esto soy lo que soy y no dejo de serlo. Un empujón que a veces necesito darme a mí misma sin que nadie me obligue a mover los pies. El miedo me puede, pero parece que arriesgar últimamente sale bien. Espero no excederme esta vez por el otro extremo de la vida.


Empiezo a frenar pero muy suavemente, nada de frenazo, nada de quemar gomas. Necesito buscar el término de positivismo y realidad. El mundo paralelo de la felicidad debe quedarse algo atrás si quiero sobrevivir e esta selva que me rodea. Pero no está mal soñar, siempre y cuando sepa que estoy despierta.


Vuelve el caos a mis manos, pero esta vez ordenado y de colores, nada de grises tristes. Vuelve la positividad. Es la primera vez en tiempo que me atrevo a gritarlo sin que me dé tiempo a que se escabulla de mis manos.  Con las uñas al natural pero mi reloj fucsia. Todo un yo armonioso. Con equilibrio pero dando gracias a la naturaleza por no juzgarme por defectuosa.


Sigo de princesa convertida en rana, aunque a veces siento que demasiadas ranas pasaron ya como para seguir pasando del mundo.

"La alegría es, ante todo, fomento de la salud" (Joseph Addison)