¿Conoces esa sensación de estar en silencio durante mucho tiempo, que cuando intentas hablar la voz parece que quiere seguir atrapada en tu garganta? Es gracioso, alguien como en quien las palabras sin sentido suelen brotar solas, sin complejos ni ataduras… sin embargo cuando llegamos a este paraíso terrenal en el que vivimos, dejando la definición de paraíso para otro momento, las cosas importantes son aquellas de las que menos hablamos. ¿Será por eso que llegan a ser más importantes? A veces me planteo cómo es posible que gente tan cercana y querida no conozca mi persona, es ridículo o aún peor: es triste.
Una gota tras otra caía la cascada. Mientras un silbido de felicidad se oía entre los árboles, el sol en la cara y una pequeña brisa que no es suficiente para apartar la calidez en el cuerpo. Un libro. Un pensar. Sola, o acompañada. Niños y adultos luchando por la paz del día. El olor. Aún no huele a primavera. Es como si las flores aún no quisieran oler y dejaran su belleza limitada a sus colores. Es triste, el olor siempre desea acompañar.
Busca. No, ahí no. Busca dentro, fuera ya está todo inventado. Habla contigo, o díselo a alguien, pero de ti, y sólo de ti. Nunca comprenderé el sentido de hablar, aclara la cabeza, sí, pero son simples sonidos que salen de una boca generalmente preocupada por lo que está a punto de decir. Una canción que se escapa de sus labios, sin demasiada claridad. Es como un susurro sutil, como un tarareo. Lo llaman la banda sonora interna. Hay gente de la que la puedes oír. Otros, simplemente le ponen sonido a su silencio interior.
El silencio, y volvemos a ti. Pero no quiero, es demasiado, hoy no me apetece hablar de ti.