
Es la 1 de la mañana y sin sueño y un cansancio infinito me siento a escribir estas líneas. La comodidad. Podemos decir que estamos cómodos cuando una sonrisa sale instantánea de nuestros labios y no pensamos ni n la postura, ni la gente ni el alrededor, estamos solos con nuestra persona y somos capaces de ignorar la situación en la que vivimos.
Sentí comodidad. En un lugar, oscuro no del todo, con poca luz diría. Me tumbé, cerré los ojos y fui capaz d aíslame del mundo. Escuchaba un tanto de palabras provenientes de una voz conocida, de un amigo. Las sensateces o tonterías, dependiendo del punto de vista, que decía empezaban a tomar forma en mi cabeza. En esa comodidad y bienestar, de un sofá recogido de la mano de Dios, de una mezcla de novedad y costumbre…
Cerré los ojos y decidí que no había lugar alguno en que prefiriese estar que ahí. Estaba bien, o más que bien. Lo suficiente como para no pensar en cómo estaba, y limitarme a dejarme llevar. Sobraban los zapatos, sobraban las bufandas. Solo me resguardé en mi jerséis de lana que me había mandado mi madre. El olor acompañaba el ambiente, la música de fondo a la que no atendía, pero sin ella el momento hubiese sido distinto. Abracé el almohadón y sentí cariño, como si me abrazase a mí misma. Respiraba profundamente y con una paz interior que no sentía hacía tiempo. Estaba tranquila. No había lugar para los agobios, los deberes ni estresses. Simplemente había tiempo para esta y disfrutar del momento. Las palabras en cierto momento sobraron, entonces se hizo el silencio que fue bienvenido como agua de mayo. Y sonreí, pude poner una imagen feliz en mi cabeza, la cual no recuerdo, pero sí recuerdo sentirme feliz.
Si la voluntad me conduce al placer, y el placer significa sentirse feliz en un momento concreto, adoraría tomar voluntariamente todas las buenas elecciones que me condujesen a llegar a ese lugar. Porque me sentía yo, tranquila, pacífica y feliz. Fue efímero, si, pero es lo que más puedo anhelar de todo un fin de semana. Gracias Jimbo, ese sofá de tu salón me salvó de la ignorancia.
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