Tantas veces dijo el cocainómano hoy la última, tantas mañanas que mira ella sus manos carcomidas por la ansiedad, tantos caladas que se piensan ser las últimas...
Pero siempre hay ocasiones, siempre hay otra oportunidad, es un tren que no pasa una vez, sino que tiene un sólo sentido de ida y vuelta diario. Si hoy eres capaz de mantenerte en el andén, deberás aprovechar dicho orgullo mañana, para no elevar el pie a la perdición.
Tanto control de la mente humana para que luego todo se reduzca a cadenas y encarcelamiento propio. Miro hacia atrás y me avergüenzo de tantas cosas. Por un lado pienso en cuántos riesgos tomé para llegar a donde estoy ahora mismo, pero sin esos fallos no estaría aquí ni sería quien soy. Pero mis manos llaman a gritos, me piden calma, mis labios lloran sangre y mis pies piden clemencia. Mi cabeza estalla cada mañana, mi hígado se retuerce al oler una noche y mi piel me dice todos los días que ya no es lo que era.
Tremendista sueno, miedo tengo, pero control ninguno. Todas esas promesas que caen en vacío y nunca llegan a ninguna parte. ¿existe a caso una habitación en la que se almacenan? y si prometes una y otra vez una cosa, qué haces, dedicarte a abrir y cerrar la puerta de esa habitación? o son clones que se asemejan e unen en uno solo... Si un día se sublevaran y me gritaran me dejarían sorda, si se pusiesen en pie cortarían avenidas y si hicieran una torre serían capaces de ver mis dos casas de un simple vistazo.
Una grapadora dentro de un café. Que me recuerda que debo seguir estudiando, que no es su sitio y que quiere volver a besar papeles. Esos que entre garabatos tanta ciencia esconden. Ciencia, verdad y horas y horas de pensamientos absurdos, ideas tremebundas y esperanzas sin fundamento. Horas de pasatiempo, amistad, comentarios y suspiros. Hora mirando el reloj. Horas deseando que vuele el tiempo, y horas de asombro y maravilla.
Horas de medicina
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