Un peso que me aplasta la cabeza, que me hace más pequeña, que a veces me hace sentir desaparecida. Un grito que anula toda voz de queja, de rechiste, de protesta.
Una pisada que debes seguir con tus propios pies, aunque no sabes hasta que tu propio pie no entra en esa huella. Una imagen de futuro que no reconoces como propia sino ajena. Una persona con diferente pasado, por tanto historia, por tanto persona. Una persona diferente. Pero la exigencia es la misma. y carezco de juicio como para averiguar si es ajena o es propia. Si me posee de dentro o por fuera. Si soy títere inocente o pecador activo.
La toma de decisiones es tan compleja y arriesgada que la dejas en manos ajenas, limpiando las tuyas de perdedor y cobardía. Esa cobardía se impregna hasta que por una vez es tu voz la que suena por encima de las demás. Por una vez es tu tono el suficiente, volumen apropiado y gestos acordes. Tu respuesta es igual de válida en sociedad pero mucho más grande para tu persona.
Y entonces caes. Pero caes tú. Te odias a ti. Antes la culpabilidad te hacía hervir la sangre, porque habías dejado tu ser en otro, y tras fallo prójimo sólo puedes frustrarte y aguantarte. Sin embargo el fallo propio duele. Duele como si te atravesaran. pero y si nos reímos de ello?
La risa reconforta, la risa ayuda a ser persona. La risa permite dejar en el olvide grandes cosas como errores, pero la risa es esa madurez que te hace avanzar. Es el reflejo de la propia superación. Es el reflejo de ti.
En ese momento en el que tu capacidad vital te parece reducida, como si al respirar con energía fueras a romperte en mil pedazos.
Una ambición creada, pero no innata. Es eso posible? Puedes creerte menos siendo más? Al final somos lo que creemos que somos. La confianza propia es el eje vertebral que nos sujeta. Y meros trapos lo que nos rodea, de los cuales nos desprendemos con fácil gracia y ternura. Fácil no sería el término, pues a veces nos aferramos a superficialidades como si fueran tan nuestras como los propios ojos.
Cuando paro y pienso, en qué me convierto cada día, si es esto o no es lo que de verdad quiero. No es una mera utopía encontrar la felicidad, no es una amargura concentrada en estas palabras, ni manos exigentes escribiendo estas líneas. Son reales. Son persona y no por ello menos importante. Las manos se me deslizan como pluma por papel del escritor, como versos en el poeta o simples melodías de cualquier enamorado al pasear por la calle. Felicidad que no se refleja en una sonrisa, sino que se sumerge en tus ojos.
hoy: La Fuga, Pa’qui Pa’llá
No hay comentarios:
Publicar un comentario