¿Conoces esa sensación de estar en silencio durante mucho tiempo, que cuando intentas hablar la voz parece que quiere seguir atrapada en tu garganta? Es gracioso, alguien como en quien las palabras sin sentido suelen brotar solas, sin complejos ni ataduras… sin embargo cuando llegamos a este paraíso terrenal en el que vivimos, dejando la definición de paraíso para otro momento, las cosas importantes son aquellas de las que menos hablamos. ¿Será por eso que llegan a ser más importantes? A veces me planteo cómo es posible que gente tan cercana y querida no conozca mi persona, es ridículo o aún peor: es triste.
Una gota tras otra caía la cascada. Mientras un silbido de felicidad se oía entre los árboles, el sol en la cara y una pequeña brisa que no es suficiente para apartar la calidez en el cuerpo. Un libro. Un pensar. Sola, o acompañada. Niños y adultos luchando por la paz del día. El olor. Aún no huele a primavera. Es como si las flores aún no quisieran oler y dejaran su belleza limitada a sus colores. Es triste, el olor siempre desea acompañar.
Busca. No, ahí no. Busca dentro, fuera ya está todo inventado. Habla contigo, o díselo a alguien, pero de ti, y sólo de ti. Nunca comprenderé el sentido de hablar, aclara la cabeza, sí, pero son simples sonidos que salen de una boca generalmente preocupada por lo que está a punto de decir. Una canción que se escapa de sus labios, sin demasiada claridad. Es como un susurro sutil, como un tarareo. Lo llaman la banda sonora interna. Hay gente de la que la puedes oír. Otros, simplemente le ponen sonido a su silencio interior.
El silencio, y volvemos a ti. Pero no quiero, es demasiado, hoy no me apetece hablar de ti.
simplemente yo y con la mente abierta en dos: mira si quieres, espero no asustarte on lo que puedas encontrar
domingo, 13 de marzo de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
reloj: desaparece!
En este momento desearía no haber tenido nunca reloj. Reloj que paraba el tiempo o que tan solo lo desaceleraba en dichas ocasiones. y me daba tiempo a hacerlo todo.
Sin embargo ya entonces eran demasiadas cosas, que juntas creaban un yo-ocupado y multitarea. Ahora que esas acciones repercuten más en mi persona, que tienen no solo acción sino reflexión sobre sí misma cogida de la mano... Es imposible meter esa cantidad de cosas. Ahora me encantaría tener la sencillez de un perro que sigue su instinto de supervivencia y no se plantea más allá de lo que tiene ante sus narices. No tiene pasado, y no busca un futuro. Solo tiene un presente que vivir.
Los recuerdos son bonitos cuando permanecen recuerdos, al igual que el futuro cuando sus proyecciones se mantienen en él.
Espero que mi escala temporal vuelva a su sitio pronto. Yo estoy aquí y ahora aunque mi cabeza siga deambulando temporalmente.
Sin embargo ya entonces eran demasiadas cosas, que juntas creaban un yo-ocupado y multitarea. Ahora que esas acciones repercuten más en mi persona, que tienen no solo acción sino reflexión sobre sí misma cogida de la mano... Es imposible meter esa cantidad de cosas. Ahora me encantaría tener la sencillez de un perro que sigue su instinto de supervivencia y no se plantea más allá de lo que tiene ante sus narices. No tiene pasado, y no busca un futuro. Solo tiene un presente que vivir.
Los recuerdos son bonitos cuando permanecen recuerdos, al igual que el futuro cuando sus proyecciones se mantienen en él.
Espero que mi escala temporal vuelva a su sitio pronto. Yo estoy aquí y ahora aunque mi cabeza siga deambulando temporalmente.
jueves, 10 de febrero de 2011
blanco como la nieve, rojo como la sagre.
Cerré los ojos y le vi: Leo. Yo era un Leo aunque de distinta forma. Los abrí, un libro. Lo apreté con fuerza y respiré hondo. Lo acaricié y supe que aprender es tremendamente fácil cuando te dejan. Lo miré con ojos tristes de pensar que se había acabado. Lo releeré, pero seguirá teniendo el mismo final. Espero seguir descubriendo en él.
Colores, vacío y silencio. El miedo a la nada y el todo. Luz y oscuridad observando desde una sombra gris. Paz. No comprendo, pero me da paz.
Lo huelo, inspiro, huele a tranquilidad.
Lo miro y con bordes gastados me recuerdan que lo he paseado por toda la ciudad, luchando en el bolso contra mis bolígrafos, llaves y tecnologías inútiles sin las que sé vivir. Lo he visto en la mesa, en la estantería incluso deambulando por el salón. Demasiado tiempo he estado sin agarrarlo. Sin embargo agradezco el tiempo de reflexión entre página y página.
Miro esos ojos verdes y me parecen tristes, pero me dan fuerza y me recuerdan que soy yo la única que puede cambiar las cosas. Miro para adentro y me veo, pero no veo nada, aún vacía pero tan repleta de cosas.
Hacía tiempo que no oía silencio. Antes me daba miedo, al igual que el blanco. Pero últimamente lo echo de menos. Leo, quizás él, me ha ayudado a vivir el blanco. A pensar el blanco. A ser blanco. Hacía tiempo que no deseaba estar en otro lugar. Hacía tiempo en que en mi mente sólo había una única cosa que eclipsaba al resto de mi mundo. Sin poder mirar el reloj, sin matarme las manos, sin que sangre corra de mis labios y sin que el estruendo de mis articulaciones gastadas sonaran en el ambiente bibliotecario. Creo que voy a seguir leyendo. Por ahora, lo único que me calma y crece al mismo tiempo.
Gracias Alessandro
Colores, vacío y silencio. El miedo a la nada y el todo. Luz y oscuridad observando desde una sombra gris. Paz. No comprendo, pero me da paz.
Lo huelo, inspiro, huele a tranquilidad.
Lo miro y con bordes gastados me recuerdan que lo he paseado por toda la ciudad, luchando en el bolso contra mis bolígrafos, llaves y tecnologías inútiles sin las que sé vivir. Lo he visto en la mesa, en la estantería incluso deambulando por el salón. Demasiado tiempo he estado sin agarrarlo. Sin embargo agradezco el tiempo de reflexión entre página y página.
Miro esos ojos verdes y me parecen tristes, pero me dan fuerza y me recuerdan que soy yo la única que puede cambiar las cosas. Miro para adentro y me veo, pero no veo nada, aún vacía pero tan repleta de cosas.
Hacía tiempo que no oía silencio. Antes me daba miedo, al igual que el blanco. Pero últimamente lo echo de menos. Leo, quizás él, me ha ayudado a vivir el blanco. A pensar el blanco. A ser blanco. Hacía tiempo que no deseaba estar en otro lugar. Hacía tiempo en que en mi mente sólo había una única cosa que eclipsaba al resto de mi mundo. Sin poder mirar el reloj, sin matarme las manos, sin que sangre corra de mis labios y sin que el estruendo de mis articulaciones gastadas sonaran en el ambiente bibliotecario. Creo que voy a seguir leyendo. Por ahora, lo único que me calma y crece al mismo tiempo.
Gracias Alessandro
el "yo" en las cosas
“la televisión castra nuestra creatividad”. Esta frase me ha hecho despertar hoy. Me llamaba la atención la cara de mis padres aquel día en eurodisney cuando lo que veían era el castillo de la cenicienta, a ET volar o dinosaurios que se movían y rugían. Eso no había salido de más que sus cabezas o lo que sus palabras vagamente consiguieron describir. Sin embargo ahí estaba. Por un lado alucinas, te asombras y contemplas lo maravilloso que es. Por otro lado es triste.
into the night: Santana con Chad Kroeger
La primera vez que experimenté qué mal hace la imagen hecha por otro fue cuando vi la película de Harry Potter. En mi cabeza todo era diferente. Por mucho que se adaptase al libro, un libro te deja volar, te deja ser tú y cuando te describe algo como bello, es tu bello lo que ves. Cuando te dice que algo es feo, es tu concepto de feo lo que sale en tu cabeza. Sin embargo, cuando nos lo ponen por delante, es como si nos quitaran protagonismo, nos dejan sin posibilidad de cambio, de riqueza, de todo. Cuando dicen una imagen vale más que mil palabras, n creo que sea del todo cierto. ¿Y el entusiasmo de esas palabras? ¿y el significado colateral que le concedes con el tono? Eso no se ve en una imagen. Expresión, quizás, pero ya no es tuya sino suya. Sigo pensando que la imagen te puede estropear mucho.
No es lo mismo cuando oyes una canción que cuando eres tú el que la canta. Obviamente no soy ninguna Aretha Frankling pero es diferente. Pausas, gestos y medias sonrisas que te permiten hacerla tuya. Lo mismo con un libro. Le das tu toque, tu cosa tu tú y no hay más.
Me gustaría ponerle a todo mi vida más de yo yo, y menos de lo demás.
jueves, 3 de febrero de 2011
una tarde no como otra cualquiera
warum kann ich mit dir lacheln und mir mir kann ich nicht? warum konnte ich ruhig sein und jetzt bin ich in einen Gewitz? warum kann ich heute auf Deutsch denken, und Spanische ist einen sehr weit weg Sprache?
ich vermisse meinen altes Leben, mit die gleiche Freunde, mit die gleiche Situationen. aber jetzt bin ich in einen verschiedene Land, verschiedene Leute.
Entschuldigung für diesen Brief, kann ich nicht heute mir erklären.
canción: hey now de Augustana
ich vermisse meinen altes Leben, mit die gleiche Freunde, mit die gleiche Situationen. aber jetzt bin ich in einen verschiedene Land, verschiedene Leute.
Entschuldigung für diesen Brief, kann ich nicht heute mir erklären.
canción: hey now de Augustana
miércoles, 19 de enero de 2011
agua: algo más que moléculas
¿Cómo el agua puede contener tanta ira? ¿Cómo la ira puede contener tanta agua? Es un proceso en el que cuesta mucho abrir el grifo, parece oxidado y realmente lo está si no lo utilizas mucho, sin embargo cuando sale, directamente ale un chorro a presión gigante que es difícil parar. Puedes apagar el grifo, pero sigue saliendo un poco y luego está todo mojado. Hay secuelas, no es pasajero, desahoga tuberías pero refleja la necesidad de abrirse, lo cual no siempre es bueno. Libertad, sí, seguridad ninguna y un sonido de fondo que revela toda la verdad contenida. Una nota que llama la atención del mundo para que observe y no se quede de brazos cruzados. Eso sí, debe estar abierta la puerta. Si permaneces en un cuarto oscuro, a solas, por mucho ruido producido, son mucho ruido y pocas nueces. Por tanto, es personal, un para ti egoísta que no permite aprender de errores, una para ti mentiroso que se esconde bajo la sonrisa de cada mañana. Un para ti solo, y no más que solo que no deja participar a la sinceridad. ¿Qué hay más puro que el agua? Y ¡cuánta connotación negativa le asignamos!
blanco
Después de una semana de tormenta por cabeza, tras miles intentos del predominio de un color en mi interior que luchaba por salir, nunca supe distinguir la mayoría de dad de ninguno de ellos. Todos me resultaban vagos recuerdos de mi pasado que me enclaustraban en una situación insostenible.
Hoy, por fin, silencio, paz blanco. Ha sido en medio de un estruendo de sonidos que al cerrar los ojos aún recudo cómo relucen. Hoy soy el Leo que escribe a una Beatrice débil y apagada que no tiene fuerzas para hacerlo sola.
Blanco. Sólo podía pensar en blanco. Es curioso como al cerrar los ojos, o mejor aún, al pensar que los cerraba veía la nada y el todo, el ruido con sonido, la gente en el vacío, la amistad frente al olvido. Una copa de vino en la mano de una joven me recordaba como el tiempo pasa, y tal y como dice Goethe: Der Junge wird alt. El olor del lugar era diferente a lo habitual, ya que en Pamplona por ahora se respetan los espacios sin humo. Sin embargo existía esa medio neblina que se eliminaba cuando enfocabas los ojos en cada uno de los músicos, o mejor dicho, en sus manos, que se deslizaban suavemente al compás en la música. Estaban flotando sin moverse.
Y yo? Me sentí levitar, o eso me decían mis amigas que parecía. Aquellos sonidos me permitieron ver el blanco que llevo buscando toda la semana. El blanco que silenció mi cabeza y la calmó para dejar lugar a lo que en ese momento era importante, o mejor dicho, lo único para lo que tenía cabeza.
La percusión animaba el ambiente, le daba esa proximidad al sur, a mi África particular y que se asemejaba a esa caja flamenca que tanto extraño. Por un momento se saboreaba el calor del ambiente, no sé si por la gente, por la música, por los tambores, o simplemente porque algo se encendía en mi interior. Un algo que se mantuvo al menos unos minutos y que me hizo olvidar todo.
Miré a mi alrededor y había un chico en cuyos ojos se reflejaba el sonido, se reflejaba la belleza de los instrumentos, estaba anonadado. Luego mi debate comenzó: no fui capaz de decantarme por uno de los instrumentos. Observaba el contrabajo y me enamoraba de su fuerza y gravedad, miraba los bongos y eran como dos hermanos gemelos que se pelean cariñosamente por llegar los primeros, me recordaba a esos taconazos que en algún día di. El saxo enamoraba con su sonido, te captaba la atención y modulaba el viento como una especie de ola que viene y va pero a distintas frecuencias, sorprendiendo en cada sonido y haciendo imprevisible el siguiente. Las trompetas, una sencillez hipercomplicada basada en la conjugación de tres teclas, que suenan como mil a la vez. El piano, tan dulce pero tan activo en esta situación, daba un trasfondo adecuado para el resto del equipo, sin él nada tendría sentido. Por último la batería, que cuyos personajes cambiantes dedicaban un tono por platillo, un roce en sus tambores (perdonen la nomenclatura)…
Parece ser que el mundo se descomplica cuando menos te lo esperas. Solo te hace falta hablar con uno o un par de buenos amigos, que te escuchan y sufren por ti. Que te apoyan como hermanos y que te defienden frente a crueldades e injusticias humanas. Gracias por ser enviados, yo me alegro de recibiros.
¿cómo reconociste en mi mueca de sonrisa lo que pretendía decir? La gente me sorprende, la gente me fascina. Cuando menos te lo esperas están, unos legan otros se van. Lo importante es el cambio que crea en nosotros mismos.
Hoy me acuesto con silencio en mi cabeza, Leo ha sido capaz de hablar. Beatriz se ha mantenido callada asintiendo. Parece ser que cada vez se ponen más de acuerdo.
Jazz: hoy te debo mi vida
Hoy, por fin, silencio, paz blanco. Ha sido en medio de un estruendo de sonidos que al cerrar los ojos aún recudo cómo relucen. Hoy soy el Leo que escribe a una Beatrice débil y apagada que no tiene fuerzas para hacerlo sola.
Blanco. Sólo podía pensar en blanco. Es curioso como al cerrar los ojos, o mejor aún, al pensar que los cerraba veía la nada y el todo, el ruido con sonido, la gente en el vacío, la amistad frente al olvido. Una copa de vino en la mano de una joven me recordaba como el tiempo pasa, y tal y como dice Goethe: Der Junge wird alt. El olor del lugar era diferente a lo habitual, ya que en Pamplona por ahora se respetan los espacios sin humo. Sin embargo existía esa medio neblina que se eliminaba cuando enfocabas los ojos en cada uno de los músicos, o mejor dicho, en sus manos, que se deslizaban suavemente al compás en la música. Estaban flotando sin moverse.
Y yo? Me sentí levitar, o eso me decían mis amigas que parecía. Aquellos sonidos me permitieron ver el blanco que llevo buscando toda la semana. El blanco que silenció mi cabeza y la calmó para dejar lugar a lo que en ese momento era importante, o mejor dicho, lo único para lo que tenía cabeza.
La percusión animaba el ambiente, le daba esa proximidad al sur, a mi África particular y que se asemejaba a esa caja flamenca que tanto extraño. Por un momento se saboreaba el calor del ambiente, no sé si por la gente, por la música, por los tambores, o simplemente porque algo se encendía en mi interior. Un algo que se mantuvo al menos unos minutos y que me hizo olvidar todo.
Miré a mi alrededor y había un chico en cuyos ojos se reflejaba el sonido, se reflejaba la belleza de los instrumentos, estaba anonadado. Luego mi debate comenzó: no fui capaz de decantarme por uno de los instrumentos. Observaba el contrabajo y me enamoraba de su fuerza y gravedad, miraba los bongos y eran como dos hermanos gemelos que se pelean cariñosamente por llegar los primeros, me recordaba a esos taconazos que en algún día di. El saxo enamoraba con su sonido, te captaba la atención y modulaba el viento como una especie de ola que viene y va pero a distintas frecuencias, sorprendiendo en cada sonido y haciendo imprevisible el siguiente. Las trompetas, una sencillez hipercomplicada basada en la conjugación de tres teclas, que suenan como mil a la vez. El piano, tan dulce pero tan activo en esta situación, daba un trasfondo adecuado para el resto del equipo, sin él nada tendría sentido. Por último la batería, que cuyos personajes cambiantes dedicaban un tono por platillo, un roce en sus tambores (perdonen la nomenclatura)…
Parece ser que el mundo se descomplica cuando menos te lo esperas. Solo te hace falta hablar con uno o un par de buenos amigos, que te escuchan y sufren por ti. Que te apoyan como hermanos y que te defienden frente a crueldades e injusticias humanas. Gracias por ser enviados, yo me alegro de recibiros.
¿cómo reconociste en mi mueca de sonrisa lo que pretendía decir? La gente me sorprende, la gente me fascina. Cuando menos te lo esperas están, unos legan otros se van. Lo importante es el cambio que crea en nosotros mismos.
Hoy me acuesto con silencio en mi cabeza, Leo ha sido capaz de hablar. Beatriz se ha mantenido callada asintiendo. Parece ser que cada vez se ponen más de acuerdo.
Jazz: hoy te debo mi vida
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