lunes, 1 de marzo de 2010

cambio: miedo y esperanza


Como un día vacío comienza mi semana, con sustos ante ver el calendario, con sorpresas de visitas inesperadas y muchas cenas por acontecer. Lo mejor de todo es que en una semana vuelvo, y algo me da miedo.
El cambio, el cambio no me permite mirar mi hogar con los mismos ojos. Sí, son marrones pero no tienen la misma mirada, ni el mismo sistema de conexiones neuronales que antes me decía que esto era correcto y lo oro no lo era. Mi sistema límbico a empezado a cambiar: ahora lo que me produce emoción es una cosa, escalofrío otra, y la felicidad creo que es lo que más me . También puedo ver alterado mi sentimiento afectivo hacia ciertas personas y los recuerdos son vagas nubes que ahí andan sin demasiado sentido. Dicen que el tiempo pone a la gente en su lugar. Hasta hace poco no me he dado cuenta que es demasiado cierta esa frase.
Miedo. Siento miedo y no es otra cosa, miedo por la decepción, por la ignorancia y por la absurdez de mi alrededor. Miedo por sentirme fuera en un mundo propio imaginario en el que nadie tiene lugar. Miedo por descubrir la verdad que tanto tiempo estuve buscando…
No sé cómo interpretar esa sonrisa, cómo interpretar ese mensaje y mucho menos tu cara al verte. No sé, cómo mirarte y qué decir, porque la gente cambia pero las relaciones cambian de forma exponencial con esos cambios y cuando se enfría, se enfría, y no hay marcha atrás. Aunque dicen que una amistad no se olvida, tampoco creo que se pueda recrear, reformar. Los hechos son los hechos, el daño pendiente y el miedo por el volver constante.
Me planteo si quiero volver a lo de antes, y tras mucha meditación creo que no. Sigo pensando que siempre se cambia a mejor, o al menos lo que nosotros conocemos como mejor para nosotros, más propio de nosotros mismo, porque cambiamos hacia lo que más a gusto estamos.
Sigo siendo yo, pero esta vez lo que pienso y anhelo son cosas diferentes. Anhelo ese olor del mar, cuando paseo con mi padre por puerto sherry en un día soleado de invierno, anhelo esas risas en el pasaje haciendo nada más que criticar la calva del moi, anhelo un café de los de antes en los que sólo hablábamos de cosas profundas y ni te cuento ese mojito que tanto nos reveló de nosotros. Son muchos puntos que no olvido, aunque por olvidar no olvido nada.
Sería tan fácil olvidar lo malo, pero si fuese posible, no seríamos quienes somos en este momento. Una vez más me pierdo en mis propias palabras. Lo único que tengo claro es de lo que me apetece: vivir por una vez a mi manera, si soy borde, lo seré, pero no voy a dejarme pisotear, esta vez no. Al menos me lo he prometido a mí misma. No se puede ser siempre la buena que todo lo aguanta. Esto me hizo hacer dos cosas: necesitar el ordenador para desahogarme, con lo que nació el fotolog, y otra más importante, pararme a pensar, escribir lo que sentía, conocerme y saber quién soy. Creo que por esa misma razón, no quisiera nunca volver atrás. Siempre andar hacia delante.

1 comentario:

  1. Me sigue pareciendo increíble la cantidad de cosas en las que coincidimos Lolíncles... De verdad...

    He reflexionado sobre esto con algunas personas, el cambio, la permanencia, la piña, no sé... Creo que hay cosas que forman parte del pasado, cosas que nosotros mantenemos más por cariño que por conocimiento de causa. En la universidad realmente cambia tu punto de vista. Conoces a personas que llegan ávidas de amistad y de cariño, como si en el colegio no hubieran tenido compañía de ningún tipo, pero realmente siempre queda una parte de ti, de lo que fuiste, una parte como anexa a quien realmente eres. Es un trocito digamos analizable de ti mismo, de quien fuiste en un momento. Hay gente que dice que no cambiamos, que lo que cambian son nuestras circunstancias. No sé... realmente da que pensar.

    ResponderEliminar