sábado, 10 de abril de 2010

mis padres


Hoy he alcanzado lo que es la felicidad. No sólo momentánea, sino que he mirado atrás y he dicho, soy feliz.
He vuelto a sentirme atrapada en un pasado y en un futuro.
Pasado: visito mi colegio, mis profes que no cambian, con sus bromas, sus guasas continuas, esa confianza que podría ofender pero que es tan nuestra que no nos deja olvidar que somos parte de eso. Ese cariño reflejado en todos sus ojos que simplemente cómo te escuchan te demuestras que tú también formas parte de ellos. Da gusto sentirse querido, pero aún más sentirse uno mismo porque te conocen, te conoces y eres, sin más. Aluciné viendo esas instalaciones que me recuerdan a tanto. Entré en nuestra clase, ya veía los carteles de Little moro, grego tenorio y demás que se nos ocurrió colgar el último año; veía los azulejos romperse uno a uno, o de 5 en 5 como le gustaba a algunos… veía esos profesores de trasiego entre una clase a otra, y cómo hacíamos estupideces a través de esos cristales… éramos, somos, y no lo olvidamos. No podré entrar en ese lugar sin pensar en todos y cada uno, sin compartir risas, recuerdos, escenas que una y otra vez se repetían. Ver a la gente corriendo en busca de su mochila, que por algún casual estaba en la papelera, otros que se dedicaban a lanzar tizas como proyectiles, o ese cielo estrellado que teníamos propio.
Y hoy: he llegado al futuro. Se celebraba el 50 cumpleaños de mi madre y han venido todos sus amigos. He sido feliz. Hemos bailado, hemos brillado todos, pero alucinante ha sido ver unas cuantas sonrisas. Ver a mi madre espectacular con esa falda, mi ponsio con su camisa a cuadros… Ver a mi padre sonreír de esa manera, hacía tiempo que no lo veía, ver a sus amigos con los que este año hace que conoce desde hace 45 años, toda una vida. Todos juntos riendo, disfrutando, soñando contándose cosas. He alucinado de ver lo que se quieren, lo que se extrañan y la pena que me da que no se vean más. He alucinado de ver a todas esas personas que comparten toda la vida de mis padres, lo son todo para ellos, y n este momento pienso que ese será mi futuro, o eso espero me llamareis ilusa, pero me dolería demasiado pensar de otra manera. Teníais que ver a esos cincuentañeros pelearse, reírse por borracheras absurdas, por bromas del colegio, de la universidad, por los consejos tan tontos que se dan, por verles hacer el payaso como quieren, porque disfrutan, están en su sitio, son ellos. Ellos y solo ellos.
De pronto desaparecen, y me pregunto: ¿dónde se han metido? Los encuentro en una habitación del sótano poniendo música de su época de discoteca, bailando y diciendo tonterías, viendo como cada uno ha seguido su camino pero que ven cómo los sueños de cuando eran pequeños se han cumplido uno a uno y ahora forman parte de sus vidas. Estaban como cuando ves que unos niños pequeños están maquinando algo, como en secreto, porque era suyo, su momento.. no sabría explicar la satisfacción tan grande que siento por verles así de felices, después de haber vivido tanto, después de haber tenido mil y un obstáculos en la vida, el trabajo aquí y allá, los viajes, los traslados… daría todo por contemplar tanta felicidad tangible, tan visible, estaba ahí, como si la definición saliese de cada una de sus bocas. Luego se reían, viendo como uno está gordo, otro calvo, al otro le falta melena oscura, pero se ríen, y planean y hacen. Si me dicen que ese es mi futuro firmo ya y que lo demás ocurra como sea. Veía vidas llenas, entregadas, completamente satisfactorias quitando los problemas que cada uno tenían en sus casas. Son felices. Me da envidia que los conozcan más que yo, los conocen cómo son, qué piensan y qué les gusta. Los calcan con ojos cerrados.
Por eso quiero dedicar esto a ellos, mis padres, que están ahí para todo, para lo que sea necesario y superfluo, siempre. Que se hacen tan tontos pero que se enteran de todo. Que te conocen más que tú mismo que te aconsejan aunque te creas que lo hacen por molestar, pues no, es por tu bien. Que nuestro carácter adolescente es reivindicativo y protestón pero no por eso no agradecemos todo lo que hacen por nosotros. Siempre están con esa mirada de: mi hija, lo sientes, y es inexplicable, pero simplemente están. Un día tan tonto como hoy sí que asimilo y digo: que vivan otros 50 o incluso más, porque de ellos no puedo prescindir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario